La navidad de algunas personas con discapacidad

¿Cuantas veces nos hemos sentido solos? Sí, no importa el que tuviésemos personas o familiares al lado. Es un sentimiento tan humano como la alegría o el llanto. Hay quienes pueden externar sus sentimientos, así como hay quienes se guardan las emociones o simplemente les son indiferentes. Todos actuamos según como nos vaya en la feria de la vida.

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La peor discapacidad para trabajar

En un evento tuve la mala idea de exteriorizar un pensamiento que vino a mí al hablar de inclusión laboral. Dije que quizá la discapacidad física es la más difícil de incluir laboralmente, comentario que no fue del agrado de quienes se ocupan de otras discapacidades; eso de la espontaneidad a veces me juega en contra. Seguir leyendo

Lo extrañamente bonito de no caminar

La llovizna era pertinaz, paraguas en mano y mochila al hombro, una noche de tantas, caminaba por las calles que se iluminaban con sus luces de neón, el destino eran mis clases nocturnas. No sé qué era más agradable, caminar solitario hurgando vitrinas de almacenes ya cerrados o salir de clases abrazado con mi chica bajo el dichoso paraguas. Seguir leyendo

¿Para qué seguir viviendo?

Hay una sensación que estruja el pecho, bueno, a algunos el estómago; y es pararse al filo de algún acantilado, un barranco; pudiese ser en lo alto de un edificio o a la orilla de un gran puente. El aire te provoca escalofrío y esa inmensidad de vacío estremece. ¿Por qué sucede? Es la consecuencia de sentirse pequeño. Seguir leyendo

Discapacidad: los amantes peligrosos

A raíz de una publicación sobre sexualidad, sostuve una conversación con una chica argentina, quien me decía que resaltar la belleza de las PCD era quizá profundizar las desviaciones de los “devotee”. Ya había escrito sobre esto, pero a raíz de mi involucramiento con unos proyectos que impulsan a las mujeres con discapacidad física, el tema saltó de nuevo. Seguir leyendo

Castillos en el aire

Ser emprendedor es difícil, más ahora que el mundo se caracteriza por ser de personas que se indignan por todo, en el que se critican las ideas por buenas que sean, en el que quienes no escriben buscan un signo de puntuación mal escrito para burlarse y jactarse de su maestría en gramática, en este superficial planeta de nunca jamás gobernado por fotografías de vidas perfectas. Seguir leyendo

El miedo a estar solo

Despertaba y veía que la ventana aún estaba oscura, el reloj apuntaba casi siempre las cuatro de la mañana, lo primero era leer un texto que me dejaban a lado, luego lo cerraba y me ponía a pensar en la agenda del día, escribir, diseñar, gestionar, Etc. no es algo que se haga a la ligera, incluso planificando siempre habrá un error por el que alguien te critique. Seguir leyendo

Ser padre con discapacidad física

Era una tarde del 24 de diciembre, pasados mis veinte en un jardín observaba cómo la tarde menguaba en San Lucas Sacatepéquez, en mi silla de ruedas veía cómo la hija de la señora de la limpieza jugaba con los pedazos de papel de regalo que unas personas caritativas habían llevado a esos seres olvidados recluidos ahí, entre ellos yo. Seguir leyendo

¿Discriminamos al hablar de trabajo y discapacidad física?

A veces me preguntan por qué en Asodispro escribimos información sobre inclusión laboral refiriéndonos casi solo a discapacidad física, incluso, hay haters que me dicen que discriminamos al hacerlo en artículos como: Persona con discapacidad física como recepcionista. Seguir leyendo

Elecciones 2019: Yo votaré por…

Acudir a un centro de votación, sin medio de transporte propio y estando en silla de ruedas es toda una aventura; debo asegurarme de llevar más de 2 asistentes que soporten cargar al gordo, la accesibilidad casi siempre ha sido una dificultad, a parte los taxis ese día cobran más. Desde siempre he acudido a la cita democrática, lamentablemente haciendo uso de mi anti-voto o votando por el menos malo. Seguir leyendo

Empleado y empleador malagradecidos

Era una madre soltera con mucha necesidad de trabajo, las deudas le acosaban. Le ofrecieron un trabajo con un sueldo que era la mitad del mínimo, ella acepto un horario de 12 horas en una farmacia. Cerca de los 4 meses le dijeron que ya no la necesitarían; supo que todos los empleados duraban ese tiempo en ese trabajo. No quiso demandar, no había ni tiempo ni dinero, al parecer los dueños escogían bien a sus víctimas, digo, trabajadores. Seguir leyendo