El peligro de la sobreprotección

En las últimas semanas hemos visitado a dos señoritas con discapacidad. Las dos chicas tuvieron problemas durante su nacimiento, enfrentándose toda su vida a una discapacidad motriz, aunque no cognitiva. Una de ellas, de un poco más de 20 años, no sabe leer. La segunda chica supera los 35 años, estudió pero nunca se empleó.

Nos pudimos dar cuenta que las chicas contaban con el inmenso cariño de sus madres, curiosamente solteras las dos. Al contarnos su historia, supimos que tanto les han querido, que no les dejaron relacionarse mucho con la sociedad puesto que muchos discriminan y se burlan de las personas con capacidades diferentes.

El asunto es que las madres, en estos casos, protegieron con muy buena voluntad a sus hijas, pero no pensaron en los problemas que una sobreprotección podría traer. Y es que un ser humano no es inmortal, ellas en su momento no evaluaron que tarde o temprano dejarían solas a sus hijas. En ningún momento se debe condenar la sobreprotección de algunos padres, puesto que es de buena voluntad y a veces se debe a la carencia de información.

Muchas frases recurrentes que escuchan muchas personas con limitaciones son: “No podrás”. “Para que lo harás si aquí estoy yo”. “Se burlaran de ti”. “Todas las personas son malas”. “Tu siempre serás un niño (a)”. Estas frases repetidas hacen un terrible daño.

El resultado es que las chicas en mención hoy sufren soledad, son temerosas de socializar y siempre están a la defensiva. Ellas mismas añoran experimentar sensaciones que observan en los medios de comunicación, como el amor, el trabajo, las amistades, Etc.; pero admiten su miedo a intentarlo. El problema es serio, puesto que a cierta edad la personalidad está definida y es muy difícil que se cambien actitudes. Nuestra colaboración en ambos casos será intentar insertarlas en nuestra comunidad, pero percibimos renuencia de ellas.

Los padres de personas con discapacidad deben buscar asesoramiento, y por medio de este, tratar de que sus hijos sean lo más independiente posible, reafirmándoles su autoestima al hacerlos creer en ellos mismos. El proteger a los hijos, de la a veces cruel sociedad, no resulte el problema, el asunto es enseñar a la persona con discapacidad a enfrentar esa crueldad y a no claudicar frente a los desafíos. El camino es largo y muchas veces llenó de lágrimas, pero dificultades siempre las habrá, aunque la actitud con que se enfrentan podría hacer una diferencia en una vida entera.

Si conoces a personas con hijos sobreprotegidos, invítales al asesoramiento o a escribir a asodispro@gmail.com

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