Ladrillo en la pared

bully-disabilityMuchas veces en nuestra vida le damos mas valor a la opinión de un grupo social que a nuestro propio criterio. Muchos caen en los abismos del prejuicio, dogmas, normas, Etc. Y se olvidan de pensar, discernir y opinar; quizá hasta de buscar ser felices, esto último es subjetivo por lo que hay quienes son felices siendo como un ladrillo más en la pared.

Hay muchos a los que resulta difícil mostrarse tal cual son, opinar fuera de un pensamiento colectivo les da terror; solo saben de cierta forma de ver la vida, actuar y hasta de hablar, incluso su forma de hacerlo es regida por una jerga.

Si profundamente reflexionáramos sobre quienes nos interesa que tengan claro que clase de personas somos, seguro estoy no necesitaríamos calculadora.

Cuando comprendí a quienes…

Después de pasar un año en cama tras mi accidente, fui confinado a un hospicio, lloraba profundamente, no comprendía porque a mi me tocaba perderlo todo. No lo hacía en público, pedía que me acostaran de forma que quedara mi rostro frente a la pared, ocurría después de almuerzo. La tercera tarde que lo hice sucedió. Lloraba intensamente, procuraba que no me escuchasen, de pronto alguien se sentó junto a mí, empezó a acariciarme el cabello, me quedé quieto, no continué.

–          No llores, me haces sentir mal. Aquí te vamos a querer, no te preocupes por lo que piensen de ti, importa lo que pienses tu y los que estamos aquí, junto a ti.-

La voz no la captaba del todo, susurraba lo que me decía, pero se percibía dulzura. No respondí. Ella estuvo como 5 minutos a mi lado, de pronto le llamaron y se despidió:

–          Y no me llames “seño”, tutéame que somos iguales me llamó…..-

Se levanto y se fue. Nunca le vi el rostro, tenía vergüenza de que me viera destrozado.

Muchos se ufanan diciendo que su actitud como PCD se debe a su espíritu inquebrantable y para “demostrarle al mundo” de lo que son capaces. Mi actitud tiene aquel principio, extraño como mi propia vida. Aquella chica de 17 años cambió mi destino, me hizo reflexionar toda aquella tarde, en pocas frases me había dado una de las grandes claves de mi vida: a quienes me debo, y finalizo con la máxima de cualquier ser humano: la igualdad. Al cuarto día ya no me acosté, y se desencadenó la historia… de una vida convencional. Lo ocurrido será un libro.

Lo primordial es lo que uno piense de sí mismo, si algo que haces o dices no te gusta ¿Por qué lo haces? Lo que te haga sentir mal, está mal, y poco importa si a otro lo hace sentir bien. Debes sentirte bien contigo mismo. En ese orden, lo segundo es la opinión de quienes influyen directamente en tu vida, importa, pero tampoco al extremo de aceptar lo que sea.

Respecto a la igualdad, que importa lo que opine de ti el perico de los palotes si quienes te aprecian lo saben. A mi no me interesa lo que piense el planeta de mi, me importa lo que piensen mis seres queridos, y ellos van desde mis amigos, hermanos en la fe, compañeros de trabajo, mis jefes y mi poca familia sanguínea lejana; pero quiero que sepan lo profundo de mi ser, que quieran al humano contradictorio que hay en mi, no la caricatura de un ser perfecto, irreal.

Si no lo haces siempre, de vez en cuando es rico

Yo era reacio a bailar así en silla de ruedas, quizá se debe a que gané concursos de baile cuando no tenía discapacidad. En cierta ocasión una chica me sacó a bailar en una fiesta. Era mi peor es nada entonces, yo le pedí, supliqué, no hacerlo, me da vergüenza la silla le dije. Ella se agachó poniendo sus dos manos en los costados y acercando su rostro al mío con sus ojos bien abiertos me dijo:

–          ¿Me ves? ¿Me quieres?- Si, respondí.

–          Cuando estemos bailando mírame fijamente, solo a mí, siente lo que yo siento por ti y no pienses en nada más que en nosotros.-

A regaña dientes pero así lo hice. Al principio me avergoncé, prestaba atención a quienes me veían, recuerdo casi caerme de la silla en una vuelta que dio ella.  De pronto todo cambio, las personas desaparecieron, y solo veía su rostro y sentía algo indescriptible por ella. Fue como la película Saturday Night Fever, cuando los protagonistas bailan y no se ve más que las luces detrás de la chica.

Quizá ejemplifiqué con frivolidades, pero podríamos adaptarlas a otras cosas de la vida. Hay quienes nacieron para mártires, quienes viviendo así son felices, bien por ellos; pero han de respetar a quienes no lo son de esa forma. La mayoría de PCD tienen tan poca libertad, tan poco margen de acción de experimentar, que atarse a la voluntad ajena, quizá es desperdiciar las contadas capacidades de sentirse plenas.

No necesitamos de caer en bajezas para mostrar nuestra autenticidad, ni hay necesidad de pervertir nuestras vidas para sentirnos plenos. Quizá no todos podamos, no todos debamos, pero cuando podamos disfrutemos de la vida que nos tocó vivir.

 

Un artículo a titulo personal de Byron Pernilla para Asodispro®

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4 comentarios

  1. Me choca leer escritos snob d personas que supuestamente motivan pero escriben sobre vidas fantasiosas. En este blog es diferente, en especial cuando escriben tu, Paty o Sandra, siempere aprendo algo. Los felicito.

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