Mi amigo Gay

240_F_89787227_Au0CQeMoQfhSU2jXWnMDwISjLOD5eBleCuando estuve en un hospicio, luego de mi descalabro, compartí habitación con “Celeste” (QEPD), un joven con SIDA, era un momento en el que el virus hacia estragos, inicios de los noventas. La casa hogar donde vivía era para personas desahuciadas y sin familia que pudiesen cuidarles, pero la epidemia empezaba a cambiar al tipo de pacientes. Yo era el único chico sin problemas mentales, la directora pensó que sería el mejor anfitrión.

Afortunadamente jamás tuve prejuicios contra los chicos Gay, tenía como amigo a uno de ellos, pero entonces me enfrentaba a una persona infectada de algo que causaba miedo, y aunque al personal y a mí nos explicaban de los bajos riesgos, la paranoia de muchos nos afectaba. Era un tipo amable, de tez blanca, nada feo desde la óptica de las enfermeras; por ello mi primera intriga a lo interno era ¿Cómo pudiendo tener a la chica que quisiera, es Gay? Creo que nos caímos bien, éramos los únicos jóvenes cuerdos en aquel lugar olvidado, poco a poco fui venciendo el miedo, ayudó el respeto que me brindó.

Me hice amigo de aquel chico de 25 años, era jovial y gustaba maquillarse muy bien. Él empezó a ayudarme, por mi tetraplejia, soy muy dependiente, aún más en aquellos días en los que descubría el mundo de la discapacidad. Coincidimos en algunos gustos musicales de entonces como Pet Shop Boys, David Bowie, Boy George, Etc. Claro, como buena Drag Queen le encantaba el dance setentero y eso hizo un tanto menos deprimente aquellos días.

A veces los fines de semana salíamos a algún lugar por una copa, yo con mi novia, él y la escolta de un enfermero o enfermera. Entonces en una de tantas, soltó la sopa, un caldo difícil de digerir. A sus 11 años vivía en un pueblo del oriente chapín, un remedo de maestro lo castigó, ya en soledad abusó, le cambió la vida. Era una violación, pero a nadie le interesó, al menos a quienes tuvo el valor de contar su desgracia.

Con el tiempo quiso ser mujer, gustaba de los chicos. Pero he aquí que quien lo violó era un “normal”, ahora él era un monstruo. Se intentó acoplar, el “amor” se compraba. Se vendió, no importaba, a más dinero, más comprensión. Entonces le contagiaron, y empezó el amargo desenlace de su historia.

Cuando alguien te cuenta algo así, no puedes sino llorar a su lado, no hay nada que puedas hacer o decir que conforte. Esto no quiere decir que toda la comunidad LGBT tenga como denominador común el abuso, algunos lo hacen por elección, pero ¿Quiénes somos para apedrear? Y entonces hay quienes se erigen como “santos” y se alegran de la muerte, del sufrimiento. Los menos “valientes” disfrazan su homofobia de principios, como justificando la “culpa” de las víctimas, por no ser “perfectos” como ellos y hacen comentarios de “estar o no a favor”, esto cuando es el peor momento para hacerlo.

Sí hay en la comunidad LGBT personas que en desfiles o eventos ofenden las creencias de otras personas, como quienes se visten de Jesucristo. Ahí también ellos tendrán que ir guardando el respeto, pero no todos ellos opinan así, pensar que todos son iguales, sería como pretender que dentro de nosotros, los heterosexuales, no hay gente irreverente, abusiva, por no decir que la mayoría de grandes asesinos despiadados son “normales”.

Cuando escucho a The Sacados mi mente visualiza a Celeste bailando frente al espejo, envuelto en sus mejores vestidos y sus pelucas. Uno puede o no estar de acuerdo, pero deberíamos ver más allá de dogmas, ver a un simple ser humano. Aquel chico falleció lejos de su familia, su compañía fueron pacientes y enfermeros, solo, pudiese pensarse como un criminal. Pero ahí había amor, pues hay misericordia donde se entiende el significado de amar al prójimo. ODIAR es la expresión más profundamente triste de nuestro léxico, justificar un sufrimiento el pensamiento más hipócrita. Hay personas que no tuvieron nuestra suerte, que sufren por la maldad de muchos, jamás señalemos mal a nadie por no pensar como nosotros, no sabemos lo que hay en su corazón y hay tres de nuestros propios dedos que se retuercen por señalarnos.

Un artículo de Byron Pernilla

Anuncios

Pienso que:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s