Despelote, verano, amor y silla de ruedas

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Era una Semana Santa de tantas, la ciudad respiraba un poco más, puesto que descasaba del asfixiante vaivén de sus estresados residentes, muchos de los cuales habían huido para escapar de la multitud urbana, tan solo para volverla a encontrar en alguna playa en calzoneta.

Después de un año de separación, había vuelto al mundo de los vivos, y había conocido a mi primer amigo con discapacidad después de casi 15 años en silla de ruedas. Como no salíamos fuera de la ciudad, o más bien, no teníamos con quien, le propuse una reunión de amigos en su casa el Jueves Santo, esto aprovechando su bonito patio adornado por frondosos árboles engalanados de jacarandas, que refrescaban aquel calor sofocante.

Yo le dije que asistiría con una gran amiga, él me preguntó qué discapacidad tenía, cosa que me sorprendió pues ahí supe que muchos creen que la pareja de una PCD, solo puede ser otra PCD; mientras yo tenía otro prejuicio, no concebía a 2 PCD como pareja. El cuate Invitó a varias personas entre ellas  3 mujeres y 8 hombres con discapacidad.

Llegamos a eso de las once de la mañana, y conocí a *Elena, una chica parapléjica por cuestiones congénitas. Fue la primera chica con discapacidad con la que tuve un chispazo, a veces me preguntó que hubiese pasado con otra, saber si hubiera sentido lo mismo.

De fácil conversación, su rostro asemejaba a una cantante de ese momento, mejor ni sigo describiéndola pues pan comido. La gente fue llegando, una deportista, un panadero, dos emprendedores y otros que buscaban aun su destino.

Las chicas pelaban camarones, los chavos los tomates y cebollas, mientras otros tantos que no gustaban de mariscos luchaban con el carbón para el asado. Yo, como único tetrapléjico observaba el arduo trabajo, tomándome una cerveza (esto fue hace como 10 años).

Cuando estuvo servida la comida, ya todos llevaban fácil 3 cervezas. La conversación era de aquellas cuando conoces a alguien, varios en ese lugar se veían por primera vez. Que si la película de moda, trafico, incluso de procesiones. Y entonces algún arrojado comensal, decidió comprar 2 botellas de licor, de ese de etiqueta roja. A partir de ahí las cosas perdieron inhibición.

Unos se pusieron a bailar, como fuese posible. Otros por allá soltaban el llanto de impotencia, de tragarse la discriminación cotidiana, mientras los otros buscaban contar chistes sangrones, esos que me salen cuando estoy nervioso jaja. El chonguengue fue tan famoso, que tocaban la puerta y los vecinos, en lugar de maltratarnos por el escándalo, nos enviaban cervezas y hasta comida.

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Mi cuata vio el clic con Elena y me llevó a un lugar apartado del jardín, ahí llegó la chica para conversar un tanto lejos del despelote que se había armado. Le llevaba 11 años, pero recordé que Gardel decía que 20 no son nada. Después de una corta charla, los besos no faltaron, quizá fue la música, la bebida o la soledad, pero no culparía a la luna ni a la lluvia.

No fue un final de cuento, para nada. Algunos terminaron con la cabeza en una cubeta expulsando de su cuerpo hasta lo que no habían ingerido, estaban los de llanto partido, los dormidos en la silla y otros que como yo, a eso de las 8 de la noche, nos tomábamos un café, viendo como poco a poco todos se iban retirando a continuar con sus vidas.

Esa tarde la discapacidad se humanizó ante mis ojos, yo, un tipo que no me relacionaba con otras PCD pues irracionalmente imaginaba que era como depreciar mi intelecto, discriminando a mi propia gente. Quizá fue el último escalón que pise para aceptarme, lo había logrado todo, pero me faltaba humildad. Hoy veo que hay mucha PCD así.

Desde aquel día nos reunimos para navidad o Semana Santa, esa fue la única vez que se nos pasó la mano, éramos novatos. Hoy algunos lo hacen con medida y otros tantos ya no toman; de aquel grupo ya partieron 2 a mejor vida, eso esperamos.

Haaa y de Elena, sí, fuimos novios 3 meses; se separó del grupo, hace poco nos dimos la mano como dos desconocidos en un evento. Aprendí que cuando alguien te atrae no importa la condición, que hay bellezas tras los labios de cada mujer, que la luna no es de queso, y que si me faltara un beso, sería el de su embeleso.

Nuestro soundtrack que resulto biográfico

De Byron Pernilla

*Nombre ficticio

Estos escritos no son con el afán de trivializar la discapacidad, sino de normalizar algo que no es especial ni mucho menos heroico.
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