Los héroes

Era una madrugada veraniega, el mes pintaba para entrar en mis recuerdos de niñez, ese día 4 de febrero de 1976 iríamos a Esquipulas, una basílica que está a 5 horas en auto de la capital; mis padres eran creyentes.

Eran la tercera hora de ese día cuando me desperté, mi cama se movía desenfrenadamente, me senté, en la penumbra mi madre saltó desde su cama y me abrazó, diciendo ¡Señor Jesús! Al detenerse el movimiento mi mamá me dijo la oración que me traumó por años: Fue un terremoto.

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Portada Prensa Libre

Vivíamos en un mercado en donde vendíamos cajas de madera y cartón. El cuarto donde dormíamos era de madera, no nos cayó nada, pero las cajas y madera bloqueaban la salida. Mi mamá luchaba por abrir la puerta cuando unos hombres gritaban desde afuera: ¿Hay gente?

Una vez afuera, nos sentamos en un estacionamiento de autos, mi madre lloraba, bueno, todos lo hacíamos. En esa época casi nadie tenía linternas, recuerdo ver gente caminando con antorchas. Cuando la penumbra fue levantando su capa, el horror empezaba a dimensionarse. Muchos ya no tenían hogar, otros más ni siquiera familia. Ver como los camiones de volteo echaban cadáveres en fosas, como si fuesen materiales sin valor, me hizo no dormir bien en varios meses.

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La fuerza del movimiento retorció las vías del tren

En medio de la tragedia había gente valerosa que con manos ensangrentadas buscaban sacar a otras de los escombros. Como niño me di cuenta que las personas, de pronto, eran más buenas. No faltaba quien de pronto en alguna calle, te regalaba una galleta o un dulce. Como olvidar aquella camioneta que regalaba tacos al medio día, eran tres mexicanos que siempre me preguntaban si me había llenado. Toda esa solidaridad ayudó a quienes sobrevivimos a una tragedia que se llevó a más de 30 mil personas.

El Volcán de Fuego

A media tarde del domingo pasado alguien me dijo que caía ceniza, yo le calmé, asegurando que probablemente era nuestro viejo amigo el Volcán de Pacaya. En twitter empezó el tren del m…muchos bromeábamos con la ceniza, pero nuestra risa se fue desfigurando al empezar a ver fotos de un lugar semejante a una zona de guerra, era otro viejo conocido: El Volcán de Fuego.

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Cuerpos de socorro de Guatemala

Otra vez un puñado de valientes corrían al área para salvar al hermano, sabiendo que algunos no volverían. Esa misma tarde, muchos empezaron por hacer colecta de insumos, las dantescas imágenes despertaron la solidaridad de la comunidad internacional.

Jóvenes empacando o trasladando ayuda, empresas donando comida o ropa, mujeres humildes llevando zapatos, otras llevando frutas y hasta tamalitos de chipilín, son cosas que los niños que hoy sufren no olvidaran.

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Mujeres llevan a un albergue tamalitos de Chipilín

En la tragedia hubo un niño de 8 años con el apellido de mi familia, no le conozco, pero falleció con quemaduras en el 85% de su cuerpo. Yo que escapé de aquel fatídico 1976, me entristecí mucho por el destino de ese pequeño. Vaya un agradecimiento a todos los que han corrido en socorro del hermano, igual para quienes actúan en silencio, para los que no hubo fotos, para esa gente que hace creer que aun vale la pena habitar este mundo.

De Byron Pernilla

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