Adiós a mi segundo Felix

Era domingo otra vez en la vida de una familia de clase media, de la edad no tengo noción completa, pero sí (una vez terminado el almuerzo) de las carreras de toda la familia por prepararse y salir lo más temprano posible para encontrarse con su diversión dominical, la lucha libre.

Corría la época psicodélica de los setentas, los que contábamos con una madre joven podíamos disfrutar de esos colores chillantes en sus pequeñas faldas ajustadas a sus caderas y que dejaban al descubiertito coquetamente las rodillas; además de ser testigos del como lucían en nuestros padres esos pantalones acampanados bien planchados

Y es que mi viejo era un apasionado del trabajo, pero también de disfrutar de su fruto. Vivíamos en un mercado, ahí crecí viendo trabajar de sol a sol a mi padre. Luego llegó la época en que quedamos solos, tendría como 8 o 9 años, y entonces me llevó a una casa donde me enteré que tenía 6 hermanos más.

Pero seguí trabajando con él, entonces todas las madrugadas le veía de rodillas al piso frente a su biblia, todos los día de 3 a 4 de la mañana era su primer ritual. Lego partía al mercado y me dejaba, yo salía tipo 7 de casa. Nunca se quejó por trabajar, nunca me exigió trabajar, él simplemente trabajaba.

En la siguiente foto, hago mi primera comunión, estabamos casi negros de trabajar tanto bajo el sol:

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A veces yo jugaba con amigos y le veía cortar madera, ya era tarde le faltaba mucho, pero no me decía que dejara de jugar, hasta que torturado con su imagen sudorosa, yo él todopoderoso hijo, me dignaba a dejar de jugar para ayudarlo…él no me decía nada. Hoy yo he aplicado muchas veces esto a mis equipos de trabajo de PCD, muy pocos han entendido.

Él me enseñó los mejores restaurantes de la época, haaa que comilonas nos dimos y al final, siempre un buen café. Pero en los almuerzos los domingos era sagrada la música de marimba. Y así como el titulo de este son, estoy yo ahorita:

Siendo adolecente me hice novio de la reina de belleza del centro donde estudiaba. Un sábado, saliendo del mercado pasamos a un supermercado, caminando con mi padre sucios con la ropa del trabajo y buscando chucherías como era nuestra costumbre después del chanse, de pronto me topo con mi traída (novia) que era edecan de Coca Cola y entonces me pregunta que con quién andaba. Titubeé y no lo negué, pero él vio que me avergoncé, jamás me dijo nada, hoy es el hecho del que más me avergüenzo ante él.

Después mi época más estrafalaria. En una fiesta en Mixco en casa de mis primas, armamos tal relajo que llegó la policía y nos llevó a la correccional. Ahí se apareció mi viejo, a traerme en taxi…me dijo que lo hacía solo porque había sido en casa de mis primas.

Y entonces llegó el peor dolor que le causé. En 1989 en el mes del cumpleaños de mi padre se muere la madre de mis hermanos, él la quería mucho y yo le di la noticia. Nunca mostró una lágrima frente a mí, yo sabía que sufría. Durante 15 días exactos no salí a divertirme ni nada, papá estaba triste, pero entonces me dicen que hay que distraerse y salgo a nadar. Un muelle y bienvenida mi tetraplejía.

Allá llegó mi viejo inexpresivo. Cundo fue el momento me sacó cargado en brazos del hospital, ya no era un bebé, pero él me trató como si lo fuese. Por un año me cambió y curó mis ulceras que me habían creado en el hospital. Él invento la forma para que yo durmiera de lado con un urinal, no quería verme con sonda y logró que no me mojara de noche. Vio que las donas de gel o esponjas pues como que no me ayudaban y me compró un salvavidas de plástico inflable, estallaban casi todos los meses, pero funcionó: tengo 29 años en silla de ruedas sin una sola ulcera.

Un buen día me dijo que había un lugar para que yo viviera y no estuviera tan solo, pero que era mi decisión, que él solo proponía. Harto de verlo llegar cansado del trabajo y ponerse a lavar mi ropa, yo vi la puerta de ayudarlo, lloré mucho, tenía miedo, pero se lo debía. Y durante más de un año mi padre pasó a verme todos los días después de salir del mercado y siempre llevaba comida.

Después fundé mi hogar y entonces nació mi hijo, le puse su nombre. Le dije que no me rendiría y aunque no me vio triunfar como yo hubiese querido, mi mejor tributo fue que por más fregado que estaba, no le pedí dinero, jamás quise que se preocupara  por mí, ya lo había hecho.

Estos dos fueron mis 2 Felix

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Mi viejo me aconsejó siempre, nunca me ordenó que hacer. Y la extrañeza de muchos de que nunca viví con él en estos años de discapacidad se responde con el regalo más grande que alguien me pudo dar, el fantástico valor de vivir plenamente independiente con tetraplejía.

Cuando ingresé a mi iglesia Cristiana, él me dijo que si yo creía debía estar ahí; con los años y siendo un ferviente católico, me dijo que él se sentía agradecido con Dios pues veía como me querían mis hermanos en la fe. Fue con quien más discutí de política sin que se enojara, tan diferentes, él santificando a Fidel Castro y yo con mi estúpido liberalismo. Con el que grite a favor de los rudos en las luchas, pues él le iba a los técnicos. Él crema, yo rojo. Él me amaba, yo también.

Para navidad me dijo que estaba bien, un poco mal de salud pero bien. El 31 yo soñé una fiesta, ahí estaban todos mis amigos, había mesas con comida y pareciera que era en el mercado. Hoy sé que fue.

El 3 de enero que partió me sacó más lágrimas que nada en esta vida. Al comienzo no iba a hacerlo publicó en el momento del dolor, creo que lo del corazón es lo más privado que pueda haber. Acá si lo iba relatar, pues acá es después de todo, y a mí me sirve de catarsis. Pero todo era como una pesadilla, en lo privado debía publicar en variar redes y formatos, revisar artículos, lanzar un anuncio pagado, y verificar unas aplicaciones. En mi vida pública con discapacidad ayer debía finiquitar una donación muy importante, tenía que revisar y autorizar facturas, revisar una aplicación que falla de un patrocinador muy importante así como dar visto bueno a una serie de publicaciones. Era muy de mañana y el carro ya había llegado para llevarme junto al cuerpo de mi padre, no tenía tiempo de avisar uno a uno a todas las personas con las que tengo responsabilidades y decidí hacerlo público por razones de tiempo. Aun ahí me di cuenta, gracias papá, hiciste un buen trabajo, sin ti, sin tu ejemplo, no tendría estas responsabilidades.

Y mañana me secaré este llanto que hoy me ahoga, no te olvidaré pero le sacaré lo mejor a mi vida y haré siempre con justicia lo que me enseñaste, a trabajar y ayudar.

Gracias Dios por el padre que me diste.

Hay nos vemos mi Felix Pernillo Aguilar.

De Byron Pernilla

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